Entrevista al escritor peruano Diego Alexander
Por Omar Guerrero
Diego Alexander es un joven escritor peruano que a finales del 2025 publicó su primer libro de cuentos El regreso de los cinco. Cuentos sobre realidades virtuales, IA y ciborgs (Editorial Trotamundos, 2025), que ya hemos comentado en esta cuenta, por eso aprovechamos en hacerle una entrevista para profundizar sobre los temas presentes en su libro.
O.G: Tu libro de cuentos El regreso de los cinco. Cuentos sobre realidades virtuales, IA y ciborgs se desarrolla de inicio a fin dentro de la ciencia ficción. ¿Cómo surgió tu interés en este género y qué autores te marcaron el camino para este tipo de escritura?
D.A: Mis primeras lecturas siempre estuvieron vinculadas con el misterio y lo inexplicable. De niño me encantaban las historias donde se debía descubrir un misterio, primero en películas y luego en los libros. Reconozco que soy producto de la cultura de masas. Después en la universidad me interesó leer los mejores relatos sin importar el género y allí descubrí a Isaac Asimov, y después a Bradbury y Philip Dick entre otros. Siempre he tenido como referente a los clásicos de la distopía de ciencia ficción: Orwell, Bradbury, Huxley, pero también, a los fundadores: Verne y Wells. Por supuesto Borges, Bioy Casares y Cortázar en cuanto a la ciencia ficción y lo fantástico en la literatura latinoamericana.
O.G: Sin duda que los nuevos avances tecnológicos como la inteligencia artificial nos hacen sentir que la realidad y el presente que vivimos ya no es tan ajeno ni mucho menos distante a un futuro imaginado solo por la ciencia ficción como ocurría décadas atrás. ¿Tú como escritor de este género crees que la ciencia ficción siempre nos va a llevar la delantera en cuanto a la concepción de este tipo de mundos evolucionados o es que ha llegado el momento de que las innovaciones tecnológicas actuales van a servir de inspiración para este tipo de literatura?
D.A: Estoy convencido de que, si en el mundo lo sorprendente y lo incontrolable desapareciera, la misma esencia del arte y la vida quedaría seriamente afectados. La inteligencia artificial es una fuente de cambios en las relaciones del hombre con el mundo y consigo mismo. Aquello que antes fue visionado, aparece en el presente, pero nunca con las contingencias establecidas en su totalidad ni con funciones limitadas por una sola mente o corporación. Dicho esto, un presente cada vez más influenciado e incluso determinado por la IA será fuente de inspiración para la literatura y el arte, pero siempre como un reflejo refractario, como nuestra imagen sobre el agua turbia o en una cámara de espejos fragmentados. Vivir en la sociedad contemporánea es vivir antes que un presente un omnipresente (todo lo que ocurrió y podría ocurrir, ocurre en un ahora sin distinción), habitar un mapa en construcción de espacios heterotópicos y una identidad que se reconoce mientras más prolífero y múltiple. En la medida que la IA logre unificar estos fragmentos y estas posibilidades en algo cerrado e inobjetable, se corre el riesgo de vivir con un solo modelo, ya no en base a una ideología ni una fe, sino por la idea de lo infalible y superior que podemos inculcar a las nuevas generaciones sobre esta inteligencia en comparación con el hombre y sus capacidades naturales. Creo que la advertencia de este peligro, todavía inciertamente lejano, será el eje donde se proyecte la ciencia ficción a partir de las condiciones actuales en que vivimos.
O.G: Hablemos de tu libro. Lo primero que llama la atención es el uso de una terminología ficticia: “servim”, “panme”, “moning”, “sulves”, etc. ¿Cómo se te ocurrieron estas palabras o términos? ¿Tienen antecedentes en otros escritores?
D.A: Creo que las palabras surgen por la necesidad de expresar algo que pretende ser nuevo por el contexto o la intención. Las palabras que has mencionado surgieron con el desarrollo de las historias. Probablemente, la elasticidad del propio español, por cierto, una de sus mayores virtudes, junto a la tradición de experimentación de autores que me sorprendieron por su innovación, sea el caso Anthony Burgess en la “Naranja mecánica” y el propio Asimov con los nombres de sus máquinas y su universo futurista en general. Aun considerando la influencia del propio género de la ciencia ficción, mi principal referencia en cuanto a los neologismos no es un autor de narrativa sino de poesía. Digamos el poeta más importante en español del siglo XX, César Vallejo. Me refiero a Trilce, obviamente. Desde que leí Trilce, descubrí que el lenguaje es una masa y una fuerza que consiguen concentrar el mundo en un núcleo de pura emoción por medio de verdades incognoscibles fuera del lenguaje.
O.G: En el cuento “El regreso de los cinco” insertas el erotismo y el uso de los sentidos, que muchas veces pierde intensidad o relevancia ante personajes o mundos donde sobreabunda lo tecnológico. ¿Crees que la ciencia ficción como género puede albergar todo tipo de temáticas o habría alguna que podría quedar fuera por no ser compatible?
D.A: En realidad creo que ningún tema debería quedar fuera de un género literario. Creo que el salto que ha dado en los últimos 30 años la ciencia ficción y fantasía en la tradición literaria peruana se debe precisamente a qué ha logrado incluir y desarrollar temas complejos y nuevos alejados de su “corpus” familiar. El erotismo en que se centra el cuento “El regreso de los cinco” es solo una muestra de esas posibilidades. Debo mencionar que ese cuento es el único que planifiqué antes de redactarlo con el propósito de combinar diversos temas y tradiciones. El erotismo es el eje de los cambios sociales en dicha sociedad futura, pero también tiene un guion a la Historia ficcionalizada como es el nombre de los protagonistas Juce (Julio César) y Cleo (Cleopatra). Como muchos nuevos autores, la exploración y amplificación del corpus conocido de la ciencia ficción y la fantasía es la motivación e interés principal para seguir escribiendo.
O.G: Esta pregunta guarda relación con la anterior. En el cuento “El señor olvido” insertas un elemento trascendental que corresponde a unos “enigmáticos nudos ancestrales”, que bien podría referirse a los “quipus incaicos”. ¿Es posible pensar o concebir una ciencia ficción andina tan igual como surgió en su momento el término “gótico andino”?
D.A: La respuesta a una ciencia ficción andina y gótico andino se manifiesta en figuras como Daniel Salvo, quizá su último “Sangre de los dioses” sea el ejemplo más reciente y contundente de la síntesis entre ciencia ficción y la tradición andina. También están obras de autores regionales que publican ciencia ficción con merecido reconocimiento, me refiero al cuento “Días de prueba esperando Paradise” de David Orlando del Águila, que ganó el primer puesto en la categoría cuento del premio Copé hace unos años. La historia transcurre en el más fascinante paisaje amazónico en donde el espacio y la personalidad se convierten en simulacros de realidad por la irrupción de la tecnología.
O.G: En el cuento “La pregunta y el final” cobra protagonismo una máquina llamada PI-VIII que puede decidir sobre el destino de lo humano. ¿La ciencia ficción siempre se desarrolla en base a la dicotomía hombre-máquina o es que existen otros tipos de confrontaciones donde lo humano puede quedar fuera?
D.A: Definitivamente es la dicotomía más usada y desarrollada, pero no creo que sea la única. Es cierto que la relación del hombre con la IA creará nuevas relaciones en la hiperrealidad. Incluso, como lo plantea el cuento, que sea la máquina que manifieste un concepto y una valoración sobre el hombre. Este revés del tópico creador humano– monstruo máquina, que comenta acertadamente Elton Honores a propósito de mi cuento, donde el monstruo o máquina crea al hombre. Quizá a hora estamos experimentando dicho cambio, visionado por Asimov cuando le otorga la fuerza y capacidad creadora absoluta en la máquina como en su extraordinario cuento “La última pregunta”, de la cual mi cuento es tributario. También, estoy seguro, que se abrirán nuevas perspectivas, por ejemplo, la relación máquina-máquina, la cual será representada de forma tan compleja como alguna vez se pensó la relación del hombre con el hombre.
O.G: En el cuento “La nueva escuela” ocurren unas transmutaciones, consideradas como hechos sobrenaturales que también se han trabajado dentro del género de terror. ¿Se podría establecer una relación entre ambos géneros si se toma en cuenta el peligro que por lo común recae hacia lo humano?
D.A: Estoy convencido que todas las historias que se clasifican como no realistas representan y comprenden mejor aquello que escapa de los límites del realismo tradicional, el cual resulta inoperante e intrascendente frente a las relaciones globales y simultáneas en las que nacimos y vivimos. En el cuento La Nueva Escuela es una historia que utiliza lo extraño, el humor, la fe y el juego para representar todo lo que deseamos y prohibimos, lo que queremos y postergamos, lo que sabes y ocultamos. La verdad puede hallarse en oculto en un gran pozo mágico, pero cuando todo se contempla sin filtros ni pausas, la racionalidad y la civilización se convierten en un sueño convertido en pesadilla más insoportable, por lo que solo queda despertar y volver a vivir con lo fundamental, y reparador que podemos rescatar de lo que hay sobre la tierra y en nuestro interior.
O.G: En el cuento “Transfusión arcoíris” ocurren unos drenajes de cristales de sangre, que se consideraría un hecho nimio en comparación a otros casos ficticios donde el cuerpo humano es intervenido por prótesis tecnológicas e incluso hasta llega a convertirse en robot. ¿Se podría decir que para la ciencia ficción el cuerpo humano es visto como un objeto vulnerable o de experimentación?
D.A: Considero que existe una paradoja entre la ciencia y el cuerpo humano. Por ejemplo, existen muchos defensores y retractores de lo transhumano, movimiento o un tipo de concepción humanista que acepta la modificación a nivel físico (biológico, genético) del cuerpo humano por la tecnología. Estoy convencido que aquella modificación que comienza como algo voluntario, es decir, que existen personas que desean tener chips en el cerebro, actualmente ya se realizan implantes, o partes robóticas con la idea de mejorar sus capacidades, cosa que estoy seguro también se podrá comprar y medir, posteriormente se volverá una forma de vida obligatoria y quizá impuesta por el gobierno. La obligatoriedad civil se dará cuando se compare la habilidad y destreza de un hombre sin modificaciones o implantes con uno que sí tiene, bajo los parámetros de eficiencia y eficacia que se manejan, el transhumano tendrá muchas más ventajas y oportunidades para ascender en la sociedad. Así que, sea mínimas intervenciones o las más invasivas y transformadoras, siempre se mostrarán los beneficios para quienes en verdad lo necesitan por alguna enfermedad degenerativa o impedimento, pero al mismo tiempo, las personas con sus naturales miembros se verán envueltas en una competencia por quien puede adquirir más implantes, de igual forma que ahora se persuade a las personas para que usen todas las redes sociales que soporte su móvil o los streaming que puedas pagar.
O.G: Para terminar, siempre se ha dicho que la ciencia ficción es como un subgénero dentro de la literatura, más aún en una literatura como la peruana, donde tampoco existe una gran tradición en cuanto a este tipo de publicaciones. Sin embargo, en los últimos años ha habido algunas propuestas interesantes, incluidas algunas antologías. ¿Qué autores de nuestro medio podrías rescatar o incluir en una breve lista para demostrar que tenemos exponentes de este género en nuestro país y que podría servirnos para seguirles las pistas como lectores?
D.A: Nuestra tradición Sciffan (ciencia ficción y fantasía) se remonta a Borges, Bioy Casares, García Márquez, Cortázar; en lo nacional Clemente Palma, Manuel Scorza y J B Adolph. La última década del siglo pasado presenta a José Guich, Donayre Hoefken, Enrique Prochazka; a principios del siglo XXI se puede mencionar a Alexis Iparraguirre con el Inventario de la Naves y por supuesto a Daniel Salvo con sus relatos que relacionan el género de ciencia ficción con lo gótico andino, el slasher y el humor escatológico. Actualmente la producción de libros no realistas ha aumentado a más del doble que el año pasado, así lo menciona Richard Rimachi, reseñista e investigador, en su recomendable blog Contrafáctica. Inmerso placenteramente en ese contexto de nuevas creaciones y autores, solo me queda decir una cosa: sean todos bienvenidos, cada uno con su fragmento de trasrealidad (convergencia de todos los géneros diferentes al realismo tradicional) que siempre podrá encajar en el gran tablero del arte que nunca está completo.


